El Dr. Ernesto Guevara de la Serna, en el aniversario 87 de su natalicio

COMUNICACIÓN BREVE

 

El Dr. Ernesto Guevara de la Serna, en el aniversario 87 de su natalicio

 

Dr. Ernesto Guevara de la Serna in his 87th birthday

 

 

Prof. María del Carmen Amaro Cano

Sociedad Cubana Historia de la Medicina. La Habana, Cuba.

 

 


RESUMEN

En el aniversario 87 del natalicio del doctor Ernesto Guevara de la Serna, médico revolucionario argentino cubano, hijo legítimo de Nuestra América, este artículo tiene el propósito de contribuir a un mayor acercamiento al pensamiento médico social, interesante faceta de la vida del héroe de la batalla de Santa Clara, del luchador por alcanzar la realización de su sueño africano y su ideario americano, cuyo pensamiento, sensibilidad y ejemplo han trascendido la heroicidad de su acción y el coraje mostrado ante la muerte. Este artículo es un homenaje al joven médico social, que desarrolló tempranamente sus dotes de investigador al reconocer la importancia del valor social de la investigación, de modo que el nuevo conocimiento aportado no estuviera limitado a la descripción de la realidad, sino dirigido especialmente a transformarla. Ante el cuestionamiento de cómo modificar positivamente los determinantes sociales para favorecer la promoción de salud y la prevención de enfermedades, su respuesta fue hacer revolución para convertirse en un médico revolucionario y así contribuir a la modificación de la realidad. ¡Este es el hombre que estamos recordando hoy! ¡Su ejemplo perdurará por siempre!

Palabras clave: médico, medicina social.

ABSTRACT

In the celebration of Dr. Ernesto Guevara´s 87th birthday, a Cuban-Argentinean revolutionary physician, genuine son of our Latin America, this article was aimed at approaching more to his social medical thought, an interesting facet of the life of this hero of Santa Clara battle and of the fighter for materialization of his African dream and his Latin American ideals. His way of thinking, sensitivity and example have gone beyond his heroic action and courage to face death. This article pays homage to a young medical physician who early developed his research qualities when recognizing the importance of the social value of research and the fact that new knowledge should be especially aimed at transforming realities rather than just describing them. When asked about how the social determinants could be changed to support health promotion and disease prevention, his answer was making revolution to become a revolutionary physician and thus contributing to the change of the realities. That is the man we remember today and his example will last forever!

Keywords: physician, social medicine.

 

 

INTRODUCCIÓN

No pocos de los lectores de este artículo se preguntarán ¿qué se podrá decir en este aniversario 87 del natalicio del Che que no se haya dicho antes acerca de la figura más universal de la segunda mitad del siglo que recién terminó? Y, como casi siempre, la masa tiene la razón.

La autora confiesa su intención de contribuir a un mayor acercamiento al pensamiento médico social, interesante faceta de la vida del héroe de la batalla de Santa Clara, del luchador por alcanzar la realización de su sueño africano y su ideario americano, cuyo pensamiento, sensibilidad y ejemplo han trascendido la heroicidad de su acción y el coraje mostrado ante la muerte.

No se trata de pensar la figura del Che como si se tratara de alguien que, por inmaculado, pudiera perder su propia naturaleza humana. Como todo ser humano tenía defectos y cometió errores, pero unos y otros no alcanzaron ni la magnitud ni el peso suficientes para ser trascendentes. ¿Qué importancia pudo haber tenido la rispidez de sus respuestas a algunas preguntas extemporáneas, superficiales o casi tontas? ¿Cuál es la trascendencia del trato severo a un guerrillero indisciplinado? Ciertamente fueron importantes en el momento histórico concreto en que se produjeron; pero no trascendieron más allá. Sin embargo, sus ricas y variadas virtudes, especialmente morales, cultivadas con deleite de artista, han servido para modelar, en disímiles rincones del mundo, el ideal de millones de jóvenes.

Este artículo es un homenaje al joven médico social, que desarrolló tempranamente sus dotes de investigador al reconocer la importancia del valor social de la investigación, de modo que el nuevo conocimiento aportado no estuviera limitado a la descripción de la realidad, sino dirigido especialmente a transformarla.


DATOS BIOGRÁFICOS

Ernesto Guevara de la Serna, conocido internacionalmente como Che, nació en la ciudad argentina de Rosario, el 14 de junio de 1928, fruto del matrimonio constituido por el contratista de obras Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, quienes tuvieron otros cuatro hijos: Celia, Roberto, Ana María y Juan Martín.

Tras terminar la enseñanza primaria, comenzó en 1941 los estudios de bachillerato en la ciudad de Córdoba. Desde los 11 años de edad se le consideraba un as del ciclismo, y en 1944 comenzó también a practicar otros deportes de manera intensa. Llegó a convertirse en un buen jugador de fútbol rugby. Pero su inquietud no era solo física, mientras cursaba la segunda enseñanza manifestó ideas radicales y tomó parte activa en diversas manifestaciones estudiantiles.

En 1945 se trasladó a Buenos Aires; con sus 19 años recién cumplidos matriculó en la facultad de medicina y desde el primer año simultaneó su aprendizaje con el trabajo, primero como oficinista en la municipalidad de Buenos Aires y a partir del segundo año en el Instituto de Investigaciones Alérgicas, que dirigía el destacado alergólogo, doctor Salvador Pissani, donde se mantuvo hasta el final de la carrera. Algunas de las investigaciones en las que intervino, tal como "Sensibilización de cobayos a pólenes por inyección de extracto de naranja", fueron publicadas en la revista Alergia.

Por otra parte, su afán de conocer nuevos escenarios geográficos y sociales lo motivan a trabajar, en el período vacacional, como enfermero en barcos de la marina mercante, en viajes por puertos nacionales.

Al terminar el cuarto año de la carrera, hizo un recorrido con su amigo Alberto Granado, por toda la Argentina, Bolivia, Chile, el Amazonas peruano, Colombia y Venezuela, viaje en el cual invirtió un total de nueve meses y sirvió para despertar en él la vocación por la higiene social.

En este azaroso recorrido percibe la lamentable situación médico social de los leprosorios de San Pedro, Cerritos, Diamante y General Rodríguez, en plena selva amazónica y comprobó que esa situación se extendía también a instituciones ubicadas en Córdoba, Posadas y Rupa Nui.

En su viaje a Valparaíso, Chile, Granado y Che conocen a una vieja asmática, cliente de “La Gioconda”, un establecimiento de comidas y licores. Según las propias palabras del Che:

La pobre daba lástima. Sumaba a su estado asmático una regular descompensación cardíaca. En estos momentos –continúa diciendo el Che- es cuando el médico, consciente de su total inferioridad frente al medio, desea un cambio de cosas, algo que suprima la injusticia que supone el que la pobre vieja hubiera estado sirviendo hasta hacía un mes para ganarse el sustento, hipando y pensando; pero manteniendo frente a la vida una actitud erecta.


En el mismo Chile, en sus notas tituladas “Ojeada de lejos”,
refiere el Che que el panorama general de la sanidad dejaba mucho que desear, aunque después supo que era superior a la de otros muchos países del continente. Los hospitales absolutamente gratuitos eran muy escasos y pobres, y carecían de medicamentos y salas adecuadas. Señala Che en sus notas que vio salas de operaciones mal alumbradas, carentes de instrumental y hasta sucias en el mismo Valparaíso, y baños muy sucios. Che apreció que la conciencia sanitaria de la nación era escasa.

Con el afán de empezar lo más pronto posible su trabajo en esa actividad, matriculó a su regreso a Buenos Aires en 1952, por la vía de la enseñanza libre, el total de las 14 asignaturas correspondientes a los dos años que aún le faltaban para hacerse médico.

Obtuvo el título de Doctor en Medicina el 1ro. de junio de 1953, y fue llamado a cumplir el Servicio Militar, aunque se le declaró no apto, en virtud del asma que padecía desde los dos años de edad, enfermedad cuyo enfrentamiento contribuyó a forjarle el carácter y a despertar su interés en conocer la tridimensionalidad del ser humano.1-4


EL MÉDICO INSATISFECHO

Meses después de graduado en medicina inició un viaje a Venezuela, luego a Guayaquil, Ecuador, donde no se le permitió ejercer su profesión y se desvió hacia Guatemala, en Centro América. Convencido de que “la función social de la medicina estaba lastrada por los regímenes políticos imperantes en América Latina se decide a participar en Guatemala en el ensayo socialista de los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz”. Allí trabaja en el Centro Médico de Maestros hasta que el imperio yanqui interviene para reprimir el sueño de libertad del pueblo guatemalteco. En ese país estableció también contacto con los grupos revolucionarios, entre ellos varios exiliados cubanos.

Cuando se produjo la invasión de Castillo Armas a Guatemala organizó una milicia, pero a la entrada de los mercenarios en la capital se tuvo que asilar en la Embajada argentina.

Años más tarde diría:

Ya había viajado mucho -estaba, en aquellos momentos, en Guatemala, la Guatemala de Arbenz- y había empezado a hacer unas notas para normar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que necesitaba para ser un médico revolucionario. Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desatara la United Fruit, el Departamento de Estado, Foster Dulles -en realidad es lo mismo-, y el títere que habían puesto, que se llamaba Castillo Armas -¡se llamaba!- La agresión tuvo éxito, dado que aquel pueblo todavía no había alcanzado el grado de madurez que tiene hoy el pueblo cubano, y un buen día, como tantos, tomé el camino del exilio, o por lo menos tomé el camino de la fuga de Guatemala, ya que no era esa mi patria. Entonces, me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar.5


De Guatemala se trasladó a México, donde laboró en el Hospital Central del Distrito Federal, en el Laboratorio del Hospital Francés y en el Centro de Investigaciones Alérgicas del Instituto de Cardiología. En este último, junto al eminente profesor Mario Salazar Mallén, con quien escribe varios artículos, entre ellos el titulado "Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos", publicado en la Revista Iberoamericana de Alergología, que mereció premio.


EL MÉDICO REVOLUCIONARIO

En esta actividad médica, científica y profesional se encuentra cuando, a través de Ñico López –uno de los asaltantes al Moncada, de filiación marxista- conoce a otros revolucionarios cubanos exilados en la nación azteca, miembros del Movimiento 26 de Julio, que le presentan a Fidel Castro. “Este encuentro, entre el abogado revolucionario y el médico insatisfecho por la injusticia social imperante en Nuestra América, cambiaría radicalmente el destino del médico”, quien sería uno de los 81 hombres que acompañaran a Fidel en el yate Granma y luego lograra internarse en la Sierra Maestra y cambiara su botiquín de médico por el fusil.6

A pesar de su asma, se destacó por la viril resistencia en las más difíciles condiciones y el uso de métodos originales en la guerra de guerrillas, participando activamente en la reedición de la gran hazaña invasora de los mambises del pasado siglo, hasta la entrada victoriosa a La Habana y la toma de La Cabaña, segunda fortaleza militar en importancia de la ciudad, el 2 de enero de 1959.7

A pocos días del triunfo, por Ley dictada por el Gobierno Revolucionario, fue “declarado ciudadano cubano por nacimiento y apenas dos semanas después de la victoria, el 13 de enero, era recibido en el Colegio Médico Nacional y se le declaraba Médico cubano honorario". En esa ocasión, en su discurso expresaría:

Yo considero como médico que siempre me han preocupado las cuestiones sociales, que ahora llega el momento de hacer aportes substanciales para cambiar radicalmente los sistemas de salubridad imperantes en Cuba, como en todas las naciones. […] Yo creo que ahora es el momento de empezar a pensar seriamente, yo lo estaba comentando hace un momento con los compañeros, el Dr. del Valle y el Dr. Rodríguez, sobre los nuevos derroteros que tiene que tomar la medicina en Cuba, ya que hemos hecho una revolución que quizás sea absolutamente histórica y marque un nuevo paso en el desarrollo de la lucha de los pueblos de América por su liberación, debemos completarlas también en todas las ramas y llevar valientemente la medicina social y llegar hasta donde sea posible.8

Un año después, en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio de Salud Pública, expresaba:

Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. […] Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. […] Después de recibido, por circunstancias especiales y quizá también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. […] Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte substancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente. Pero yo seguía siendo, como siempre lo seguimos siendo todos, hijo del medio, y quería ayudar a esa gente con mi esfuerzo personal. […] ¿Cómo hacer, efectivamente, un trabajo de bienestar social, cómo hacer para compaginar el esfuerzo individual con las necesidades de la sociedad? La medicina tendrá que convertirse un día, entonces, en una ciencia que sirva para prevenir las enfermedades, que sirva para orientar a todo el público hacia sus deberes médicos, y que solamente deba intervenir en casos de extrema urgencia, para realizar alguna intervención quirúrgica, o algo que escapa a las características de esa nueva sociedad que estamos creando. […]El trabajo que está encomendado hoy al Ministerio de Salubridad, a todos los organismos de ese tipo, es el organizar la salud pública de tal manera que sirva para dar asistencia al mayor número posible de personas, y sirva para prevenir todo lo previsible en cuanto a enfermedades, y para orientar al pueblo. […]Pero para esta tarea de organización, como para todas las tareas revolucionarias, se necesita, fundamentalmente, el individuo. […].5


En febrero de 1961 se crea el Ministerio de Industrias y el médico guerrillero era nombrado Ministro del ramo. Simultáneamente dirigía también la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN). Sobre sus cualidades de directivo, habla el compañero Ángel Arcos Bergnes, quien señala que:

En el trabajo era en extremo organizado y su nivel de exigencia estaba muy por encima de la media. Era crudo y directo en sus planteamientos. Sin embargo, su forma de conducir las reuniones, de tratar y enfocar los problemas era firme; pero familiar, sencillo y objetivo. Tan humano era que su ternura rozaba la paternidad. Siempre he pensado que hubiera sido un buen psiquiatra, ya que se le podía plantear cualquier cosa, fuera un problema, una duda […] En la práctica demostró grandes dotes como organizador. Su iniciativa creadora, su preocupación por el desarrollo de los cuadros, su férrea disciplina, su constante superación y su ejemplo fueron referencias indelebles. […] En su comportamiento laboral era metódico. […] Siempre mantuvo el don de escuchar a todos, no recuerdo que haya interrumpido nunca a nadie y atendía las intervenciones de los compañeros con mucho respeto. […] Era un crítico y un autocrítico implacable. […] Era antidogmático por excelencia. […] Muchas veces le oí decir: Ser capaces de ofrecer el trato que reclamamos para nosotros mismos.5


Para concluir este modesto homenaje a la figura del Dr. Ernesto Guevara de la Serna, el argentino médico social, que fuera también el Che, en la Sierra y el llano, en el Banco Nacional y el Ministerio de Industrias en Cuba; Tatu, en la guerra de El Congo, en África; y Ramón, el Guerrillero Heroico de Bolivia, la autora retoma su discurso de 1960, en el Ministerio de Salud Pública cuando expresó:

Y nuestra tarea de hoy es orientar la capacidad creadora de todos los profesionales de la medicina hacia las tareas de la medicina social. […] Y no solamente el médico, sino también los enfermeros, los laboratoristas, todos los que se dediquen a esta profesión tan humana. Si logramos nosotros, trabajadores de la medicina -y permítaseme que use de nuevo un título que hacía tiempo había olvidado-, si usamos todos esta nueva arma de solidaridad, si conocemos las metas, conocemos el enemigo, y si conocemos el rumbo por donde tenemos que caminar, nos falta solamente conocer la parte diaria del camino a realizar. Y esa parte no se la puede enseñar nadie, esa parte es el camino propio de cada individuo, es lo que todos los días hará, lo que recogerá en su experiencia individual y lo que dará de sí en el ejercicio de su profesión, dedicado al bienestar del pueblo.9


El primer párrafo de un breve pasaje de “La guerra de guerrilla” dedicado a la “Sanidad”, es todo un tratado ético. En él escribió:

Uno de los graves problemas que confronta el guerrillero es su indefensión frente a todos los accidentes de la vida que lleva y sobre todo frente a las heridas y enfermedades, muy frecuentes en la guerra de guerrillas. El médico cumple en la guerrilla una función de extraordinaria importancia, no sólo (sic) la estricta de salvar vidas, en que muchas veces su intervención científica no cuenta, dados los mínimos recursos de que está dotado, sino también en la tarea de respaldar moralmente al enfermo y de hacerle sentir que junto a él hay una persona dedicada con todos sus esfuerzos a aminorar sus males y la seguridad de que esa persona va a permanecer al lado del herido o enfermo hasta que se cure o pase el peligro.10


Este médico social, argentino cubano, en su breve pero fructífera vida, ejerció con humanismo su profesión, reconociendo tempranamente la importancia de los determinantes sociales en el proceso salud-enfermedad y ante el cuadro de salud de la mayoría de los países de nuestra América, en los años 50s, en la mente del joven investigador surgió entonces el cuestionamiento de ¿cómo modificar positivamente esos determinantes para favorecer la promoción de salud y la prevención de enfermedades? […] y la respuesta fue “Hacer revolución para convertirse en un médico revolucionario”. ¡Este es el hombre que estamos recordando hoy! […] ¡Su ejemplo perdurará por siempre! […]

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Castañeda J. La vida en rojo. Una biografía del Che Guevara. Madrid: Alfaguar; 1997.

2. Cormier J. La vida del Che. Mística y coraje. Argentina: Editorial Sudamericana; 1995.

3. Gambino H. El Che Guevara. Buenos Aires: Paidós; 1968.

4. Taibo II, Paco I. Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Barcelona: Planeta; 1997.

5. Guevara de la Serna E. Discurso en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio de Salud Pública el 20 de agosto de 1960. Periódico HOY, 21 de agosto. 1960:3.

6. Ariet García M del C. El pensamiento político de Ernesto Che Guevara. Ediciones de Paradigmas y Utopías. México: Editorial del Partido del Trabajo; 2003.

7. Tablada Pérez C. Hombre y sociedad en Che Guevara. Rev Biblioteca Nacional José Martí. 1987;(2):33.

8. Guevara de la Serna E. Discurso en su visita al Colegio Médico Nacional el 13 de enero de 1959. Tribuna Médica de Cuba. Enero-junio de 1959:18.

9. Arcos Bergnes Á. Evocando al Che. La Habana: Editorial Ciencias Sociales; 2009.

10. Guevara de la Serna E. Guerra de guerrillas. Obras. T2 (1957-1967). La Habana: Casa de las Américas; 1970.

 

 

Recibido: 10 de mayo de 2015.
Aprobado: 24 de julio de 2015.

 

 

María del Carmen Amaro Cano. Vice-Presidenta Sociedad Cubana Historia de la Medicina. La Habana, Cuba.
Dirección electrónica: amaro@infomed.sld.cu

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